viernes, 13 de julio de 2012

Después de 33 años: Siguen Marchando


El bullicio se ha adueñado de la plaza Pedro Joaquín Chamorro, y una leve brisa cae sobre el departamento de Masaya. Entre la multitud, que ha asistido para conmemorar un acción guerrillera conocida popularmente como el repliegue,  se distinguen voces que susurran y especulan la llegada del “Comandante”. Otros se preguntan donde dormirán, o como regresaran a sus hogares después de una larga jornada.

El presidente, Daniel Ortega, entra a la plaza rodeado por un cordón de seguridad impenetrable, que evita el paso de cualquier atentado contra su vida. “¡Juventud, juventud, juventud!” “¡Daniel, Daniel, Daniel!” exclaman los eufóricos militantes que intentan aproximarse para saludar a su líder, quien ondea la mano sonriente, tan próximo y a la vez fuera de alcance. Los jóvenes, son retenidos por policías que les indican “¡avanzá, avanzá!” “Dale chavalo, movete, rápido”.

En la tarima, el acto final comienza con un discurso del “más humilde de los amantes de esta nación” Félix Trejos, alcalde de Masaya, quien en su exaltación hace una extraña comparación entre el Presidente, árboles y Jesús. A la vez, aprovecha para rendir cuentas de su administración.

“Comandante Ortega y la Compañera Rosario, Paladines de la Libertad de Nicaragua” gritaba entusiasmado, mientras en la plaza Pedro Joaquín Chamorro continuaba el ir y venir de personas. Algunos ya se preparaban para regresar a Managua, o cualquiera que fuera su destino. Así finaliza la XXXIII edición del Repliegue táctico a Masaya.

De regreso, las calles son distintas. En la madrugada, las tarimas montadas a lado de la carretera a Masaya ya no están, no queda rastro de los bailarines ni de los animadores que alentaban a los marchantes en tempranas horas de la tarde, trabajadores de la alcaldía se apresuran a limpiar las calles inundadas con bolsas, botellas y otros desechos. Antes de que salga el sol no habrá pista alguna del paso de los caminantes.

En su libro Repliegue táctico a Masaya, el periodista Pablo E. Barreto cuenta que, el 27 de Junio de 1979 los combatientes sandinistas, empezaron a organizar su salida hacia Masaya, que se encontraba bajo control de las fuerzas guerrilleras. Al caer la noche, combatientes y población de distintos puntos de la capital se concentraron en una calle del reparto Don Bosco y fueron organizados en tres columnas que partieron hacia la ciudad de las flores.

A pesar del sigilo, la Guardia Nacional descubrió la acción al día siguiente, y empezó un bombardeo cuando las columnas guerrilleras iban por piedras quemadas. El pánico y el desconcierto de muchos aseguraron su muerte. Entre pausas breves los guerrilleros eventualmente llegaron a Nindirí, donde fueron bombardeados y luego a Masaya, donde se organizarían para la toma de otros departamentos del país.

Cada año, militantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se reúnen en la plaza Comandante Ana María en el mercado Roberto Huembes, para emprender una marcha de 33 kilómetros hasta Masaya, y de esa forma conmemorar una acción inolvidable. Se reúnen para ponerse al día, y hablar de viejos tiempos, portan sus medallas, y uniformes guerrilleros, mostrándose orgullosos de defender la causa revolucionaria. Después de treinta y tres años siguen marchando. 

Pero en la plaza Comandante Ana María, también concurren jóvenes que han heredado la tradición histórica de sus padres, y familiares. Otros que acuden en honor a familiares caídos en los años de lucha revolucionaria. Y muchos que no tienen idea de la importancia histórica de ese día.

En la radio Sandino, se comenta el desarrollo del Repliegue, diferentes personalidades explican antecedentes históricos y cuentan anécdotas de aquel 27 de Junio del 79. Los comentaristas, anuncian un clima de tranquilidad y alegría.  

Al mismo tiempo, en uno de los puentes que sirven para llegar a la plaza Comandante Ana María, un grupo de jóvenes en riesgo se enfrentó con la Policía Nacional. Un joven ensangrentado lanzaba insulto contra las fuerzas del orden e intentaba alcanzar a uno de los detenidos.

A pocos metros de la plaza, unos cinco jóvenes se encontraban con las manos arriba y la cabeza baja contra la pared, una multitud se acercaba a ver lo que ocurría. Pero agentes policiales impedían que las personas se acercaran demasiado. La mayoría de personas se encontraban a la expectativa de un nuevo conflicto. El muchacho ensangrentado gritaba a los policías y estos le negaban algo con la cabeza. Finalmente una patrulla se llevó a los detenidos, y el joven herido quedó esperando.

La multitud se dispersó, todos comentaban. Había demasiadas versiones de los hechos, unas más raras que otras.

En el interior de la plaza, los vendedores ofrecían todo tipo de mercancías alusivas a la celebración revolucionaria: Camisetas con imágenes de Sandino, Tomás Borges, Carlos Fonseca, Daniel Ortega, y El Che estampadas, gorros camuflados, broches, banderas y medallas. Algunos se pintaban con aerosol emblemas como el de la Juventud Sandinista 19 de Julio (JS19J) en las mejías y los brazos.

“La leche” (Alcohol) no faltaba, ni la toña o el popular caballito. No eran las cinco de la tarde cuando ya se podía decir quienes iban y quienes no iban a arrancar. En su mayoría los borrachos bailaban al son de la famosa canción de El Guadalupano: Solo el sandinismo no más. No obstante, otros habían buscado un rincón dónde recostarse y alejarse del bullicio.


Antes del discurso inaugural a cargo del presidente Ortega, caravanas de buses y motorizados empiezan a salir de los barrios aledaños al mercado Roberto Huembes. Personas caminando, en bicicleta y hasta en silla de ruedas se abren paso por las calles. En las afueras de las casas las personas se reúnen para esperar el paso del “Comandante”, en una esquina está la transmisión en vivo de radio Sandino, sonando a todo volumen, y en otra suena un disco con una colección de canciones revolucionarias, las más populares, como La Consigna y Que se derramen las copas.

El paso entre los barrios aledaños al mercado Roberto Huembes, hacia Las Colinas, es una muestra de la condición en que viven las diferentes clases sociales. Las casitas de madera, piedra y tablas destruidas de momento desaparecen ante la vista de ostentosas mansiones, con tres o más lujosas camionetas. “Aquí viven los vende patria” se comenta entre risas, en broma y en serio.

A lo largo de la carretera a Masaya, un sinnúmero de toldos y tarimas están instalados. Bailarines de folklore, animadores, música, “puestos de agua”, y ventas de comida se establecen al lado de la carretera, por dónde pasan los vehículos y caminantes. “Caminen, caminen que están jóvenes” le gritan unas señoras a unos chavalos que están a la espera de la caravana del presidente, “¡Vos porque vas en camioneta jodida!” le responde uno de ellos.

Pasan las horas y grupos de personas siguen pisando la carretera a Masaya, con destino a la plaza Pedro Joaquín Chamorro en Masaya. Del otro lado de la carretera  un hombre completamente ebrio se sienta sobre una división que separa un cauce de la pista, su presencia se hace notar pero nadie acude a ayudarlo, si pierde la consciencia podría acabar muerto.



Finalmente la policía lo retira del lugar, se detiene el tráfico, la gente empieza a ver las patrullas y las luces de las sirenas, alistan sus banderas y se preparan para saludar al Presidente Ortega, y del otro lado siguen pasando caminantes que luego se incorporan a la fila de gente que sigue el vehículo Mercedes Benz en que se transporta el “Comandante”, rodeado de un circulo impenetrable de policías, la seguridad personal y miembros de la JS19J.

El paso no es continuo, de momento el presidente acelera la marcha del vehículo y después de recorrer cierto tramo frena para saludar a la multitud que lo espera al lado de la pista. Sin embargo, a pesar del revuelo que causa el paso del líder sandinista, muchas personas siguen confundidas y preguntan si “ahí va el hombre”, persiguen la caravana esperando ver un gesto amistoso de Daniel Ortega o doña Rosario Murillo. Pocos lo logran.

Entre la conmoción no falta alguno que aproveche el descuido de los simpatizantes sandinistas, para tomar algo que no es suyo. Unas cervezas, una papaya y una piña de mamones desaparecen en un suspiro, de la mesa donde las tenían ubicadas. El camino es extenso.

Cualquiera que se arriesgue a perseguir la caravana corre el riesgo de caer en el intento, no hay manera que los agentes policiales dejen pasar algo, el camino debe estar despejado. En la carrera un carretonero, que carga a su hija sobre dos sacos de basura, se descuida y al paso de la caravana falla en subir su carretón al boulevard, y la niña cae. La criatura llora y llora pero solo su padre y unos cuantos curiosos le prestan atención.



Actualmente el repliegue se desarrolla en un clima totalmente diferente, nadie se esconde, nadie teme el bombardeo sorpresa de la Guardia Nacional, y es carretera abierta. Todo eso quedó treinta y tres años atrás, pero vive en la memoria colectiva de muchos.

En Junio de 1979 las columnas guerrilleras se deslizaron entre el monte y el silencio de la noche, sobreviviendo ese día para luchar y resistir el siguiente. Al este de Nindirí, desde El Coyotepe, la Guardia Nacional les bombardeaba incansable. Finalmente, llegaron a Masaya, territorio tomado por las fuerzas del FSLN, luego de arrastrarse por el monte y ser recibidos en la madrugada por guerrilleros y pobladores de Masaya.

Desde Masaya, los combatientes y pobladores procedentes de Managua se organizaron para luego tomar las ciudades de Granada, Jinotepe, Diriamba, y Masatepe. Faltaban 22 días para el triunfo definitivo de la revolución Sandinista.

Es casi media noche. Cerca del kilometro 20 un joven va exclamando “¿Y vos por qué venís aquí? Yo vengo por César, porque si Cesar dio su vida para que yo fuera libre, porque yo no voy a caminar unos cuantos kilómetros por él, ¿Quién dijo miedo?” y se dirige a un amigo “oe Ignacio, ¿hasta Masaya? Y sigue caminando, caminando por César. En sentido contrario viene una muchacha embarazada, vomitando por las nauseas aparentemente, pero entre los gritos de ayuda, uno de sus acompañantes confiesa que está prácticamente intoxicada, “bebió de todo, caballito, cerveza, ron plata”, nadie parecía estar interesado en auxiliar a la muchacha en ese momento de desesperación, dos médicos pasaron al lado y prefirieron seguir avanzado, finalmente, su acompañante le metió el dedo en la boca para forzarla a vomitar.

Más allá del kilometro 20 algunos optan por pedir raid hasta Masaya, otros siguen caminando, para finalmente reposar en la plaza Pedro Joaquin Chamorro, o reencontrarse con amigos, familiares o algún samaritano que les lleve de regreso luego que finalice el discurso del Presidente Daniel Ortega.

El bullicio se ha adueñado de la plaza Pedro Joaquín Chamorro, entre la multitud se distinguen conversaciones que van desde el recuento de los sucesos de la noche, hasta pláticas laborales y personales. Entre la multitud, los protagonistas de este suceso histórico y clave para el triunfo de la Revolución Sandinista, se confunden con el resto de personas, su historia la reconocen todos los que aseveran deberle la libertad que hoy gozan, son héroes, con rostros conocidos nada más por ellos mismos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada